Vocabulario. Sostenible.

-Sostenible. El término desarrollo sostenible, perdurable o sustentable, apareció por vez primera en el Informe Brundtland en 1987 y a partir de los trabajos de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Naciones Unidas.

En ecología, sostenibilidad o bien sustentable, se refiere a los sistemas biológicos que se mantienen diversos y productivos con el transcurso del tiempo. Por extensión se aplica a la explotación de un recurso por debajo del límite de renovación del mismo. En definitiva, consiste en satisfacer las necesidades de la actual generación sin sacrificar la capacidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades. A su vez, implica la defensa de condiciones socio-laborales dignas dentro de un sistema económico más equilibrado. Se trata de lograr una situación de bienestar social, soportable para el medioambiente y equitativo económicamente.

Un ejemplo típico es el uso de la madera proveniente de un bosque: si la tala es excesiva el bosque desaparece; si se usa la madera por debajo de un cierto límite siempre hay madera disponible. En el último caso la explotación del bosque es sostenible o sustentable. Sirva como ejemplo la empresa Madinter, líder en la exportación de madera de ébano africana desde Camerú para la realización de instrumentos musicales. Asociada a la fábrica de guitarras Taylor, los socios fundadores (Vidal, Miguel Ángel, Luisa y Jorge) llevan a cabo una labor social y medioambiental que puede ser considerada plenamente sostenible desde la óptica aquí tratada. Entre otras muchas cosas: sus trabajadores (75 en Camerú y 15 en su sede en Cerceda –Madrid-) cuentan con los salarios más altos del sector forestal, tienen comedor social, atención médica, becas, pozo de agua potable para la comunidad…, además, garantiza el futuro del ébano y otras especies, respetando los lugares y las cuotas establecidas por el Gobierno de Camerú, desarrollan con las comunidades un vivero de semillas, un multiplicador de semillas y la clonación de árboles en laboratorio con el objeto de multiplicar por diez el volumen de madera de los bosque que se abastecen. Un ejemplo de éxito que demuestra que los negocios son compatibles con la sostenibilidad del entorno medioambiental y humano, de hecho, exporta a 40 países y factura 5,5 millones de euros al año. Todo ello ha tenido un amplio reconocimiento internacional a través de importantes galardones que pueden ser consultados en su página web, además de otros detalles ejemplares.

También en el `mundo´ del aceite se pueden encontrar empresas con intencionalidad sostenible, algunas de las cuales están relacionadas en el apartado de Empresas ejemplares

Otros ejemplos de recursos que pueden ser sostenibles o dejar de serlo, dependiendo en su tasa de explotación, son el agua, el suelo fértil o la pesca. Cuando se excede el límite de la sostenibilidad, es más fácil seguir aumentando la insostenibilidad que volver a ella. Considerando en todos los casos las implicaciones sociales y económicas que conllevan las actuaciones poco o nada sostenibles.

En este sentido, la Organización de Naciones Unidas ha implantado el concepto de consumo sostenible para referirse a un conjunto de buenas prácticas relacionadas con la producción, uso y eliminación de productos que, permitiendo satisfacer las necesidades básicas, evite el daño ambiental teniendo en cuenta las generaciones futuras y considerando el impacto desde que se extraen las materias primas para fabricar un producto, hasta que se eliminan los residuos resultantes.

Una forma de medir el impacto es el cálculo realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), basado en la llamada “huella ecológica”, es decir, el área (cultivos, bosques, sistemas acuáticos…) que se necesita para generar lo que consume una persona y absorber los residuos que origina. Aunque su cálculo es interpretable y encierra ciertas dificultades, es una crítica intensa sobre nuestro modelo: “Si cada habitante del mundo en desarrollo dejara la misma huella ecológica que el habitante promedio de los países de ingreso alto, se requerirían seis planetas”. A cada habitante del planeta le corresponde 1,8 ha. de terreno productivo, sin embargo, la huella humana media es de 2,2, es decir, 0,4 más de lo que nos corresponde, lo que explica que su distribución es muy desigual, así, mientras la huella de una persona de una país desarrollado puede oscilar entre 7 y 10 ha., en un país subdesarrollado puede ser inferior a 0,5 ha. Todo ello permite afirmar que nuestro modelo de vida es profundamente insolidario y que no puede extenderse al resto del mundo. 

La puesta en práctica del desarrollo sostenible, tiene como fundamento ciertos valores y principios éticos. La Carta de la Tierra presenta una articulación comprensiva e integral de los valores y principios relacionados a la sostenibilidad. Este documento, que representa una declaración de la ética global para un mundo sostenible, fue desarrollado a partir de un proceso global altamente participativo, por un período de 10 años; iniciado en la Cumbre de Río 92, culminó en el año 2000. La legitimidad de la Carta de la Tierra proviene precisamente del proceso participativo por el cual fue creado, ya que miles de personas y organizaciones de todo el mundo, brindaron su aporte para encontrar esos valores y principios compartidos. Actualmente existe una creciente red de individuos y organizaciones que utilizan este documento como instrumento educativo y de incidencia política.

En los últimos años, distintos organismos internacionales han formulado principios de contenido ecológico, económico y social que pretenden orientar cualquier actividad que pretenda ser sostenible. Desde esta óptica se plantean ciertas orientaciones como las que siguen: ningún recurso renovable debiera ser utilizado por encima de su ritmo de generación; ningún contaminante debe emitirse a un ritmo superior a su reciclado; la población no puede seguir creciendo indefinidamente; debe procurarse el reparto equitativo de los recursos…

La sostenibilidad se estudia y maneja a varios niveles de tiempo y espacio, y en muchos contextos de organización económica, social y ambiental. Se enfoca desde la sostenibilidad total del planeta a la sostenibilidad de sectores económicos, países, municipios, barrios, casas individuales, bienes y servicios, ocupaciones, estilos de vida, etc. En resumen puede incluir el total de las actividades humanas y biológicas o partes especializadas de ellas.

La sostenibilidad -o como denominara en 1982 el arquitecto suizo Walter R. Stahel “la economía circular”- en cualquiera de sus manifestaciones, es un concepto cada vez más utilizado y demandado en un mundo demográficamente en ascenso con altos niveles de consumo, por no decir de derroche. Precisamente por ello, el uso del término se hace, en muchos casos, de manera incorrecta; cada vez es más frecuente observar, sobre todo a políticos, aplicar el concepto de sostenible a actividades que nada tienen que ver con el ámbito de aplicación de la sostenibilidad. Habría que ser más cuidadosos y menos demagógicos.

Por otra parte, el empleo en actividades relacionadas con el medio ambiente crece sustancialmente en los países desarrollados. En España representa ya el 2,62% de la población ocupada con un total de 530.947 puestos de trabajo. Este es uno de los datos del informe "Empleo verde en una economía sostenible", elaborado por el Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) y la Fundación Biodiversidad, dentro de una iniciativa del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino y cofinanciado por el Fondo Social Europeo, que tiene como finalidad conocer mejor las posibilidades de generación de empleo vinculadas con las actividades ambientales. El 20,6% del total de los empleos verdes actuales se concentran en el sector de las renovables, en el que se ocupan 109.368 puestos de trabajo, cifra que sólo es superada por el sector dedicado a la gestión y tratamiento de residuos, con 140.343 puestos de trabajo. El sector de las renovables es el que más ha crecido multiplicándose por 30 el número de empleos en una década. El informe pone de manifiesto los primeros resultados que ya se están consiguiendo para consolidar la transición hacia un futuro sostenible (datos de 2012 proporcionados por el Observatorio de la Sostenibilidad en España –OSE-, clausurado en mayo de 2013)..

Según los cálculos del PNUMA sólo la fabricación, instalación y mantenimiento de paneles solares creará más de 6 millones de puestos de trabajo para 2030. Pero no sólo las renovables nutren esta transición económica, sino todo tipo de trabajos, definiéndose en segundo lugar como factor clave la agricultura ecológica y otros que abarcan desde la albañilería y fontanería hasta las ingenierías técnicas, ya que se hará necesario que todos los sectores, redefinan sus tecnologías y contenidos al ser ya irrevocable el recorrido hacia una economía de bajas emisiones de carbono.

En agricultura, la sostenibilidad está representada por  el llamado cultivo ecológico (verde, ambientalista…), aunque existen otras prácticas como el cultivo integrado que tratan realizar una agricultura sostenible llevando a cabo estrategias combinadas de agricultura ecológica y agricultura intensiva. Según ATPIOlivar (asociación técnica de producción integrada de olivar), puede ser definida como: «La Producción Integrada debe ser entendida como un modelo de producción racional y sostenible con identidad propia, que da prioridad a métodos de producción ecológicamente más seguros, minimizando el uso de agroquímicos a lo estrictamente necesario y garantizando la máxima seguridad alimentaria. La Producción Integrada equilibra de manera más rentable los componentes de sostenibilidad económica, social y medioambiental y además aporta mayor respeto al Medio Ambiente que la agricultura convencional y mayor productividad que la agricultura ecológica». En nuestro país está regulada por el Real Decreto 1201/2002 de 20 de noviembreDentro de este entramado, cobra una especial significación la llamada `Agricultura de Precisión´ debido a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías a la hora de racionalizar los recursos y optimizar los resultados.

Personalmente, pienso que la sostenibilidad es un elemento clave en el desarrollo futuro de la humanidad. Es impensable que podamos continuar el desarrollo sin que se activen mecanismos que traten de reducir el impacto de nuestras actividades en el planeta. Muchas son las amenazas medioambientales que nos depara el futuro inmediato. Cada vez más personas, con cada vez mayores niveles consumistas, hacen inviable nuestro actual modelo de desarrollo, pero no desde el punto de vista político, ya que el actual, permite adaptaciones que pueden ser perfectamente absorbidas por el sistema liberal-capitalista. Más bien se trata de modificar estrategias de mercado, producción y consumo, que paulatinamente normalicen prácticas compatibles con esta tendencia. Es más, desde el punto de vista económico, la actividad generada en torno al reciclado, el tratamiento de residuos y la generación de energía, tiene enormes posibilidades que las pueden llevar a convertirse en auténticos motores del desarrollo futuro.

Por otra parte, la moderación del crecimiento demográfico mundial, tras dos siglos de vertiginoso aumento en los que la población se ha multiplicado, es una tendencia que permite tener esperanzas fundadas, sobre una posible –aunque lejana- estabilización poblacional, que disminuya la presión que tal cantidad de personas ejercemos sobre el medio.

En cualquier caso, como comento en la información adicional referida a la problemática de la acción humana sobre el medio, “la Revolución del ecodesarrollo es necesaria y, si se realiza, solo se podrá comparar con la Neolítica y con la Industrial. Esta Revolución ha de realizarse urgentemente, se hace necesaria una profunda transformación individual y colectiva de los modos de vida y producción de la humanidad. El primer paso es, pues, generar y producir una fuerte conciencia ambiental.

La actual tecnología permite desarrollar una infraestructura productiva de desarrollo económico viable, luego, ¿cuál es el problema para que se inicie la Revolución del ecodesarrollo? Todo parece indicar la necesidad de crear dicha conciencia, en definitiva, realizar una profunda transformación de los modos de vida y la adopción de fuertes inversiones en modos productivos viables acompañados de un nuevo paradigma de la teoría económica.

En el campo agrícola, industrial y energético, será posible la adopción de estrategias respetuosas con el medio que pueden resultar incluso beneficiosas en sentido económico (reducción de costes de producción, nuevas demandas, etc.).

Son muchas las estrategias que se pueden llevar a cabo, además, son complementarias entre sí, de forma que provocan beneficios ecológicos en cadena.

En todo este planteamiento, resulta fundamental el compromiso del eslabón final de la cadena, el consumidor final; hay que insistir en la responsabilidad del mismo ya que, los hábitos consumistas son los que orientan la producción”.

Enlaces interesantes:

-Revista Ambienta.