Vocabulario. Pagos asociados.

Pagos asociados. Según la RAE, se trata de un “distrito determinado de tierras o heredades, especialmente de viñas u olivares”. Etimológicamente la palabra procede del latín pagus (país). Agronómicamente se trata de territorios rurales o parajes, generalmente pequeños, que poseen determinadas características biogeográficas y/o ecológicas (edafológicas, microclimáticas…) diferenciadas de otros de su entorno.

La expresión `pagos asociados´, puede ser entendida de distintas formas según el contexto en que se utilice. En este caso, vamos a entenderlo como propiedades agrarias individuales de olivar, que se asocian, coyunturalmente o con continuidad, a una empresa molturadora/comercializadora. Las condiciones de este consorcio pueden ir desde la simple venta de la producción, hasta la venta con condiciones de producción, es decir, el compromiso por parte del productor de aportar la totalidad o una parte de su cosecha con unas características determinadas (variedad, grado de maduración, condiciones agronómicas…).

Esta práctica está muy extendida, sobre todo por empresas a las que determinados productores aportan su producción, generalmente sin condiciones previas. Aunque menos usual, también proliferan las `compras´ que solo admiten aceitunas de cierta categoría. Sin embargo, es escasamente utilizada por empresas productoras individuales y/o familiares que molturan y tratan de vender su propio aceite. En este último caso existe cierta reticencia a incorporar producción externa; bien por trazabilidad, bien por la propia filosofía de la empresa, bien por el motivo que sea, son reacias a poner en práctica esta modalidad. Una modalidad que permitiría, por ejemplo y sobre todo en el caso de empresas productoras medianas y poco diversificadas geográficamente, garantizar una cantidad de aceite para atender con cierta estabilidad sus compromisos comerciales. Se supone, por supuesto, que los pagos que se asocien a esta supuesta empresa y al tratarse de explotaciones cercanas, pueden reunir las condiciones requeridas (variedad o variedades, tiempos de recogida, procedencia suelo/vuelo…) para cumplir con las calidades perseguidas, e incluso con la propia trazabilidad del producto.

El concepto de pago asociado en sentido estricto, entiendo que se adecua en mayor medida a esta última modalidad. Se trataría de asociaciones entre empresas productoras y empresas productoras-comercializadoras. Las primeras se comprometen a producir en las condiciones requeridas por las segundas, las segundas a supervisar el proceso y, en su caso, realizar un pago atractivo. El conjunto puede dar lugar a una empresa de tamaño considerable, complementada con pequeñas empresas que no solo pondrían su producción a disposición de la empresa matriz, sino que, debido a su tamaño, pueden delegar ciertos procesos agronómicos, especialmente los más mecanizados, y, sobre todo, la recolección en aquellos caso en que una de las exigencia consista en que la aceituna aportada sea procedente del vuelo con un determinado grado de maduración. En definitiva, una modalidad que presenta múltiples posibilidades y permite diseñar fórmulas personales que se adapten a las circunstancias y a los distintos perfiles de tenencia.

Por ejemplo, una empresa de mediano tamaño de una determinada localidad que produce, moltura y comercializa aceite ecológico de envero buscando las mejores calidades, puede ofrecer la posibilidad, a pequeños productores ecológicos de la zona, de comprar su producto. Estos se comprometen a producir y recoger en las condiciones requeridas con la supervisión de esta almazara de referencia, con la posibilidad o no de realizar parte de su proceso productivo (abonado, tratamientos, desbroce… y, por supuesto, recolección mecanizada y, por tanto, rápida) con maquinaria pesada, e incluso de realizar compras conjuntas de insumos, por ejemplo abono orgánico… y así sucesivamente.

Entiendo que esta alternativa, junto a la asociativa (SAT, pequeñas cooperativas, sociedades mercantiles…), puede ser una realidad más o menos presente en el mapa empresarial del aceite a medio y largo plazo, sobre todo, si las cooperativas en términos generales continúan sumidas en la inoperancia que las caracterizan a todos los niveles del proceso… De hecho, se trataría más bien de una consecuencia lógica de esta situación: pequeños propietarios que, o bien se organizan y crean su propia empresa, o bien se `encomiendan´ a una empresa de este tipo, debido a su desacuerdo con el funcionamiento de su cooperativa de referencia.

El primer paso ya se está dando, en los últimos años algunos socios de cooperativas con propiedades considerables -y otros no `cooperativizados´-, se han desvinculado de la Economía Social, y tratan de abrirse camino por sí mismos, en algunos casos con muy buen criterio. Ha proliferado últimamente, por tanto, un modelo de empresa individual que, a veces con escasas producciones, tratan de obtener un producto de alta calidad (Guía del Aceite), convirtiéndose algunas en referentes dignos de consideración. Son estas mismas empresas las que, aunque todavía reacias al sistema de pagos asociados, pueden acaparar determinadas producciones en detrimento de las cooperativas. Esto que, en principio, puede resultar atractivo para algunas explotaciones, a la larga, convertiría de nuevo al pequeño y mediano propietario –como en la etapa pre-cooperativista- en doblemente dependiente. La proliferación de `compras´ de aceitunas -del tipo que sea- tiene una relación inversa con el debilitamiento de la actividad cooperativista y, en general, asociativa. Por tanto, no estoy defendiendo ni atacando esta modalidad `alternativa´, simplemente las presento como una realidad, interesante en muchos sentidos, pero peligrosa a largo plazo para el simple productor; aunque siempre será mejor que la venta a granel a comercializadoras sin la suficiente sensibilidad hacia la olivicultura y, en consecuencia, hacia el consumidor.