Vocabulario. Fitosanitarios.

El producto fitosanitario o plaguicida se define, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) como aquella sustancia o mezcla de sustancias destinadas a prevenir la acción de, o destruir directamente, insectos (insecticidas), ácaros (acaricidas), moluscos (molusquicidas), roedores (rodenticidas), hongos (fungicidas), malas hierbas (herbicidas), bacterias (antibióticos y bactericidas) y otras formas de vida animal o vegetal perjudiciales para la salud pública y también para la agricultura  durante la producción, almacenamiento, transporte, distribución y elaboración de productos agrícolas y sus derivados. 

La utilización de productos fitosanitarios desde mediados del siglo pasado (Revolución verde) ha  producido un aumento extraordinario del rendimiento de la tierra sin el que no hubiera sido posible alcanzar los niveles actuales de producción alimentaria. Sin embargo, su uso provoca una importante disminución de la biodiversidad, contaminando a su vez el suelo y el agua donde junto con otros productos, como los fertilizantes, producen a veces fenómenos de eutrofización.

Por otra parte, su aplicación puede comporta riesgos para los trabajadores e incluso pueden llegar a ser peligrosos para el consumidor, sobre todo, si se usan de forma incorrecta o no se respetan los periodos necesarios para su degradación. Es habitual, por tanto, la retirada o prohibición de algunas sustancias activas que obliga a variar la composición de los productos fitosanitarios para disminuir su impacto ecológico, sanitario o el riesgo de que elementos nocivos pasen a la cadena alimentaria; lo que ha incentivado la investigación y desarrollo de productos que las empresas fabricantes denominan fitosanitarios ecológicos, que no necesitan plazo de seguridad. Incluso se discute si, aun siendo utilizados de manera correcta, su consumo continuado pueda o no tener consecuencias negativas para la salud del consumidor.

Los estudios científicos son difíciles de evaluar, pudiendo ser interpretados desde distintas perspectivas por cuestiones ideológicas y económicas; los mismos equipos “científicos” pueden ser presionados para que sus conclusiones no sean del todo objetivas. Ya ocurre con otros asuntos como el cambio climático o los  organismos genéticamente modificados, cuyo cultivo está estrechamente vinculado a la utilización de determinados productos fitosanitarios, dando lugar a una estrecha dependencia de los agricultores con las compañías propietarias y sus patentes; un pequeño número de grandes industrias biotecnológicas.

En el caso del olivar, además de las ventajas e inconvenientes de su uso, plantea problemas derivados del uso inadecuado sobre las aceitunas (vuelo y suelo) en periodos previos a la recolección, es decir, la posibilidad de paso de cierta materias activas al aceite, pudiendo este, verse rechazado por compradores exigentes o inmovilizado por inspecciones oficiales. Esta realidad, cada vez más tenida en cuenta por los productores, obliga a la toma de acciones preventivas que si son eludidas por algunos agricultores, bien por desconocimiento, bien por conveniencias de ciertas aplicaciones temporales (herbicidas, plaguicidas…), pueden tener serias repercusiones en la calidad y, en consecuencia, en el precio de venta. Una posibilidad, cada vez más tenida en cuenta a la hora de decidir la conveniencia de ciertas aplicaciones y, sobre todo, de ciertas materias activas.