Presentación

El sector olivarero tradicional atraviesa malos momentos. Los agricultores miran el futuro con desasosiego: los precios no cubren los gastos o los beneficios son insuficientes; la política de subvenciones es desconcertante e impredecible; las nuevas plantaciones y su capacidad competitiva `arrinconan´ en el mercado oligopolista el aceite de los olivares menos mecanizables; las grandes superficies bajan sus precios como reclamo clientelar; la capacidad productiva del sector a nivel nacional e internacional crece más a prisa que la demanda; los combustibles y el resto de los insumos, encarecen el producto final, la vecería, las condiciones climáticas y otros elementos naturales, impiden una estabilidad en la oferta y, por tanto, en la política de precios… Cierto es, que no es el único sector agrario que “no levanta cabeza”, sin embargo, al tratarse de un cultivo arbóreo no anual, no permite adaptarse a corto ni medio plazo a las exigencias cambiantes del mercado. Por tanto, año tras año, los olivareros se ven abocados a las condiciones arbitrarias de factores en los que tienen escasa capacidad de presión.

En este contexto, consuela pensar que este cultivo milenario ha superado a lo largo de su dilatada historia momentos críticos que, con distintas variables, lo han puesto a prueba en numerosas ocasiones. Si queremos que esta etapa sea superada para continuar escribiendo esta bella historia, tendremos que plantearnos seriamente, adoptar algunas medidas que permitan a los agricultores seguir obteniendo beneficios razonables; de lo contrario, estamos ante un futuro cuanto menos, incierto. Creo personalmente que ante tal situación no tiene mucho sentido limitarnos a enumerar una serie de quejas contra empresas comercializadoras y políticos mientras que, paralelamente, el sector continúa estático, sin ideas. Está bien quejarse y ejercer presión en determinados sentidos pero, poco puede esperarse, si las iniciativas no surgen de los propios afectados. Si continuamos esperando que nos `saquen las castañas del fuego´ como meros espectadores del proceso, creo que se irá de mal en peor; aunque, nunca se sabe.  

Tenemos a nuestro favor, un producto con un consumo en alza por sus valores culinarios, gastronómicos y dietéticos; tenemos en contra unos precios ridículos para un producto de calidad, y un colectivo heterogéneo, dividido, y con escasa capacidad competitivo-comercial. En este sentido, o suben los precios, o disminuyen los costes de producción, o como sería ideal, ambas cosas a la vez. Claro que, si además dispusiésemos de una política de subvenciones, que premiase determinadas prácticas relacionadas con el ecosistema olivarero tradicional, la concentración comercial y la producción de calidad, de una manera racional y continuista, el círculo estaría cerrado y la situación sería muy diferente.  

Simplificando la cuestión por tanto, la `solución´ pasaría por subir los precios –dentro de ciertos límites razonables-, bajar los gastos de producción y recibir una protección especial por parte de distintas administraciones. Ninguna es fácil, aunque tampoco imposible. Además, en todas tiene un papel fundamental las personas que componen este heterogéneo colectivo, incluso en las propias decisiones administrativas ya que estas, son en parte, producto de las demandas sociales canalizadas a través de los distintos agentes sociales, en los que el agricultor debiera ser una pieza importante, un autentico lobby. En este contexto, quiero ser positivo y tratar modestamente de aportar algunas ideas que creo, podrían ayudar a paliar en parte la situación descrita, por lo menos en teoría. Ideas que, de una manera u otra, están en la mente de otros muchos interesados.

En primer lugar, quiero dejar claro que las consideraciones que voy a realizar se refieren especialmente al olivar tradicional o tradicional especializado (olivicultura); o si se prefiere, al llamado “bosque ordenado” según terminología utilizada por la Ley del Olivar de Andalucía. También entrarían en consideración aquellas nuevas plantaciones `superintensivas´ que, aunque no responden a la fisonomía, valores medioambientales y necesidades de mano de obra del olivar tradicional, y además, entra en competencia directa con este, pueden adoptar ciertas prácticas convenientes desde el punto de vista medioambiental. No se trata de menospreciar este nuevo sistema de cultivo, se trata más bien, de articular toda una serie de medidas desde los distintos sectores implicados, que impidan la desaparición de un sistema de cultivo secular que, además de formar parte del paisaje y la cultura tradicional de nuestro entorno, aporta desde el punto de vista paisajístico, medioambiental, laboral y cultural, una serie de elementos positivos que justifican su conservación. Por el contrario, el nuevo modelo estaría más cercano a la llamada “agricultura industrial” que, si bien multiplica la productividad y rentabilidad del mismo, desde los puntos de vista mencionados, tiene una menor relevancia. Así mismo, dentro del olivar tradicional –esta denominación abarca una diversidad de situaciones complejas para su catalogación-, puede hacerse una distinción entre aquellas explotaciones que poseen una certificación como ecológicas y, aquellas otras, que manteniendo una estructura tradicional, aplican una metodología agronómica `moderna´, en la que el uso de productos químicos de síntesis o los nuevos marcos de plantación, caracterizan lo que podría denominarse como una agricultura tradicional especializada. Las propuestas que van a realizarse, son aplicables en ambos casos, sin embargo, aquellos que para conseguir y mantener su certificación han establecido cambios en sus prácticas agronómicas, evidentemente ya han recorrido un camino interesante.  

Dicho esto, entiendo que se plantea la necesidad de trabajar en varios frentes para evitar el `naufragio´. Sin embargo, la `solución´ no es fácil, todo lo contrario, existen intereses varios, que dificultan enormemente la viabilidad de un proyecto compartido, que encauce el sector hacia un horizonte con menos nubarrones. Por eso en esta página no pretendo, ni mucho menos, proporcionar una fórmula mágica que a modo de los arbitristas del siglo XVII, dé soluciones fáciles para problemas difíciles. Lo que pretendo es ofrecer y compartir mis reflexiones, para que, a partir de los mismos, y con la contribución de todos los que así lo deseen, pueda crearse un foro de encuentro de pequeños, medianos y grandes olivicultores que permita avanzar en la mejora de un producto y el marco donde se desarrolla. Dentro de este marco, cobra una significación especial la llamada Economía Social, sobre todo en su manifestación más representativa, el cooperativismo, una de las fórmulas que posibilita el tratamiento industrial y la comercialización de la materia prima producida por pequeños y medianos olivicultores. Una fórmula que sin embargo en general, y desde mi punto de vista, no desarrolla plenamente su cometido. Una fórmula que necesariamente tiene que ser puesta en valor para que los propietarios de explotaciones modestas puedan, de manera asociativa, obtener la máxima rentabilidad. Individualmente, por debajo de cierta producción, resulta dificultoso llevar a cabo todo el proceso sin que se produzca una reducción considerable de la rentabilidad.

Como el problema no es unidireccional ya que en él intervienen muy distintos factores (producción, molturación, comercialización, gestión política…), y mis conocimientos son muy limitados, trataré de explicitarlos convenientemente, esperando, dada la magnitud del asunto, recibir aportaciones, alternativas y correcciones, que posibiliten una reflexión que pueda desembocar en una aplicación práctica que, a su vez, repercuta positivamente no solo, como veremos, en el plano económico, sino también, en el medioambiental. Las apreciaciones que en este sentido pueda realizar están basadas, más que en un conocimiento exhaustivo del sector a todos sus niveles (prácticas comerciales y marketing, ingeniería agraria, molturación…) en una reflexión producto de la observación y experimentación no academicista, ni necesariamente científica. Una especie de `ensayo´ agronómico extenso, subjetivo y asistemático que, además de pretender persuadir, pretende informar a partir de divagaciones, en muchos casos, críticas.

Me atrevo a hacer este planteamiento desde la modestia y la bienintencionalidad, con el objetivo de iniciar un debate coherente, que entiendo muy necesario, y en el que deben participar solamente productores sin prejuicios absurdos y nada sospechosos, para no ser contaminado por otros agentes con intereses contrarios.

Los tres pilares en los se articula mi exposición, que entiendo son los que favorecen u obstaculizan el devenir del sector, son la producción, la molturación y la comercialización. Aunque en realidad, están relacionados entre sí, deben tratarse independientemente por razones expositivas; aunque sin olvidar que los unos pueden repercutir positiva o negativamente en los otros. A lo largo de la misma, sobre todo en la parte referida a la producción, está presente una visión personal que trata de compatibilizar los ineludibles objetivos económicos que deben primar en toda actividad empresarial con, en la medida de lo posible, la sostenibilidad a nivel medioambiental que, entiendo también, debe convertirse en una constante de todas las actividades humanas si es que queremos `testamentar´ a los futuros herederos del planeta, un entorno similar al nuestro y, si es posible, mejor. Es por esto, que he optado por denominar la página con el nombre de “Olivar Integrado” ya que el olivar no es una empresa aislada sin conexiones con su entorno, se trata más bien de un paisaje integrado económica, cultural y socialmente en un contexto determinado con el que le vinculan interconexiones que trascienden el ámbito puramente economicista (Olivar integrado). Como por cierto ocurre con otros muchos cultivos que merecen el mismo tratamiento, por el bien, en última instancia, del propio ser humano «Detrás del desafío de lo global y lo complejo se esconde otro desafío, el de la expansión incontrolada del saber. El crecimiento ininterrumpido de los saberes edifica una gigantesca torre de Babel, donde susurran lenguajes discordantes. La torre nos domina porque no podemos dominar nuestros saberes. Tanto en las ciencias como en los medios, estamos inundados por la información. La gigantesca proliferación de conocimientos escapa cada vez más al control humano. Y los conocimientos divididos no sirven más que para utilizaciones técnicas. No llegan a unirse para fomentar un pensamiento que pueda reflexionar sobre la situación humana en el mundo y que puede enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo. De ahí el sentido de la frase de Eliot: "¿Dónde está la sabiduría que perdemos con el conocimiento?"».

En todo este entramado, no quiero dejar de un lado la responsabilidad de nuestros gestores políticos, por eso trataré de explicar cómo creo que debería ser su visión; aunque, como ya ha quedado dicho, son los productores los que deben actuar, no se puede esperar grandes cosas en este sentido. Aunque para no faltar a la realidad ha habido, y hay, intentos plausibles a los que el sector no ha sabido o no ha querido sacar provecho; también es verdad, que en otras ocasiones, las actuaciones han sido manifiestamente mejorables.

En lo que respecta a los comercializadores, no es que me olvide de ellos, es que sus intereses, simplemente son opuestos, y su sensibilidad hacia la olivicultura, simplemente nula. No por ello, desde mi punto de vista, su actitud es censurable, persiguen el lícito beneficio económico de cualquier actividad empresarial y, en esta línea, les conviene el `minifundismo´ que caracteriza al sector a todos los niveles. Si los olivareros no son capaces de gestionar correctamente su producto y que les repercuta su valor añadido, ya habrá quien lo haga, dentro o fuera de nuestras fronteras; si pactan, en el sentido oligopolista precios, es porque se le permite; si utilizan el producto como reclamo con precios ridículos en grandes superficies, es porque se le permite; si sacan el producto al mercado con mermas importantes de su calidad, es porque se les permite… y así sucesivamente. No podemos esperar que estas empresas actúen altruistamente, sin esperar nada a cambio, en provecho de los productores y obteniendo solo un beneficio razonable por su intermediación; todo lo contrario, mientras se les consienta, seguirán, de manera lícita repito, acaparando mercado y precios. En una situación ideal y un tanto utópica, deberían ser los interesados los que establecieran las reglas de juego, pero, como ya he dicho, esto son simples conjeturas dada la realidad actual. Para el agricultor, en la mayoría de los casos, el precio de venta no es el que paga el consumidor final, es el que ofrecen los que lo negocian y, entre uno y otro, hay una diferencia considerable en muchos casos. Además, también en muchos casos, el producto se vende con unos formatos y en unas condiciones que quedan al margen de nuestro control, en numerosos casos no llegan al consumidor en las condiciones más adecuadas, en otros ni tan siquiera conocen su procedencia; podemos encontrarnos con empresas, por ejemplo italianas, que lo venden como suyo, o con otras que lo manipulan dando lugar a un producto distinto del que se obtiene en origen, por mencionar solo algunas realidades. En esta línea, y con paciencia, estoy tratando de elaborar una Guía del Aceite que, entre otros cometidos, pretende convencer a propios y extraños de la conveniencia del consumo en origen. Las posibilidades que ofrece la venta on-line, a falta de una infraestructura logístico-comercial adecuada, puede ser un buen comienzo.

El objetivo, soy consciente, no deja de ser un tanto utópico, de muy difícil realización, pero, quiero reflejar en algunos momentos, cuán distinta seria la situación si se dieran alguna de las variables que están presentes en otras empresas nacionales e internacionales, fundamentalmente de carácter privado. En definitiva, lo que aquí pretendo es realizar un planteamiento del tema, tratando de estructurar la problemática en su conjunto, pero sin por supuesto dejar nada por definitivo, nada más lejos de mis intenciones. El asunto es tan complejo que sería pretencioso por mi parte ofrecer la clave en forma de fórmula mágica que sacara al sector del atolladero.

Sin embargo, con las aportaciones de aquellos que quieran contribuir desde su conocimiento y experiencia a enriquecer esta página, corrigiéndola, completándola o revisándola, podemos establecer una `hoja de ruta´ interesante para los que, de una u otra forma, pretendemos mejorar la rentabilidad de las explotaciones desde el respeto al medio, en consonancia con una tendencia que, afortunadamente, cada vez cuenta con más adeptos. 

En esta página, además del texto principal, he creado enlaces que contienen una información que he llamado adicional para, por una parte descargar el texto con el objeto de no hacerlo demasiado tedioso y, por otra, complementar ciertas informaciones que considero imprescindibles a la hora de comprender la idea que trato de trasmitir. Esta información es del todo insuficiente a los ojos de cualquier especialista, sin embargo, aunque resulte básica, creo que resultará práctica para un primer acercamiento a determinadas cuestiones. En cualquier caso esta información quedará abierta a nuevas aportaciones que trataré de ir incorporando progresivamente. Lo mismo puede decirse del vocabulario que, aunque elemental, puede resultar aclaratorio y queda abierto al enriquecimiento progresivo que trataré de llevar a cabo regularmente. Por otra parte, esta información adicional, en algunos casos, contiene puntos de vista y citas que proceden de distintos autores que tratan algunas de las cuestiones aquí planteadas. A través de este medio, pretendo hacerla llegar al mayor número de agricultores, entendiendo que puede resultar interesante y, llegado el caso, ser tomada en consideración. Es una manera de contrastar información para, elijamos la opción que elijamos, disminuir las posibilidades de errar y, de esta forma conocer perspectivas, a veces contrarias a nuestra propia visión. No obstante y en principio, no se van a incorporar muchas de las mismas, mi prioridad es presentar mi página en conjunto, con una estructura más o menos definitiva, y darla a conocer, para posteriormente, ir completando paulatinamente informaciones que, por distintas razones, no se incluyen en este primer acercamiento al complejo mundo de la olivicultura integral. 

Para finalizar, indicar que quiero dedicar espacios que den cabida a noticias relacionadas con iniciativas relativas a los planteamientos que van a realizarse, propuestas comerciales que faciliten la consecución de estos propósitos y recomendaciones practicas relacionadas con aspectos concretos de las faenas que se realizan en las explotaciones.  En el primer caso, se trata de resaltar aquellas iniciativas y planteamientos que se están llevando a cabo de manera coincidente con lo aquí pretendido; se trataría de quehaceres prácticos a nivel agronómico y de gestión, que sirvan de estímulo al colectivo en su búsqueda de una optimización tanto económica como ecológica de los recursos. En el segundo, poner a disposición de los productores interesados información sobre una amplia gama de bienes (maquinaria, abonos, plantones...) y servicios (molturación, recolección, asesoramiento...) relacionado con el mundo del olivar que ofrecen las distintas empresas relacionadas con el sector y, por otro lado, dar cabida a la amplia oferta de productos derivados de esta actividad (aceite, muebles, encurtidos…). En tercer lugar, un espacio dedicado a aquellos conocimientos -teóricos o empíricos- que puedan servir de referencia en las decisiones agronómicas que cotidianamente deben adoptarse en la explotación; permitiendo que tales resoluciones sean conocidas y compartidas por el mayor número posible de interesados. Por ahora se trata solo de una intención, mis medios y mi tiempo son muy limitados para completar tal `proyecto´. Por tanto, no doy nada por concluido, se trata de espacios abiertos expuestos a continuas ediciones, ampliaciones o supresiones.